PERASHA BAMIDBAR

ALREDEDOR DE LA TORÁ


Cuando Dios bajó a entregar la Torá, lo hizo rodeado de un ejército de ángeles, bien organizados y ordenados. Bené Israel cuando vieron la forma en que los ejércitos de Dios estaban organizados, le pidieron a Moshé que también los organizara a ellos de una forma ordenada y unida. Dios, en esta Parashá, le dió instruccciones a Moshé de cómo organizarlos. Tres de cada lado del santuario, de tal forma que estuviera rodeado por los cuatro costados, así como lo estaba Dios en la entrega de la Torá.
Moshé, por un momento, llegó a pensar que las tribus iban a empezar a pelear por el lugar en el que se iban a ubicar. Tal vez todas iban a querer estar en el norte, o en el este, etc. Pero, Dios lo tranquilizó diciéndoles que las tribus se iban a ubicar alrededor del santuario, de la misma manera en que los hijos de Yaakov levantaron su campamento. Es decir, Zebulún, Yisajar y Yehudá por un lado. Binyamín, Efraim y Menashé por el segundo costado. Dan, Asher y Naftali por el tercer lado y Reubén, Shimón y Gad por el cuarto costado.
Así fue como se ubicaron en el desierto. La pregunta que surge ahora es: ¿Qué fue lo que determinó que, por ejemplo, Reuben y Gad estuvieran juntos o Yehudá con Yisajar también?
Explican los comentaristas, según una Guemará que dice que Dios no reposa su shejiná (providencia) sino en aquellos que reúnen las siguientes cuatro cualidades: Rico, sabio, fuerte y humilde.
Por eso, Yehudá, Yisajar y Zebulún estaban reunidos en el mismo lado, ya que los tres eran sabios. Yehudá era sabio en cómo liderizar un pueblo, Zebulún era sabio en los negocios e Yisajar era sabio en la Torá.
Del otro lado del santuario estaban los fuertes, Binyamín, Efraim y Menashé, tal y como lo dijo el salmista: “Lebené Efraim, Menashé Ubinyamín Orerá Gueburateja – A los descendientes de Efraim, Menashé y Binyamín les despertó tu fuerza” (Tehilim ). Además que la tribu de Menashé se destacó por ser siempre la pionera del desierto.
Dan, Asher y Naftali eran los ricos y estaban ubicados en otro lado del santuario. La Torá dijo de Asher: “Shemená Lajmó – Se engordó su pan”, símbolo de riqueza. También es sabido que todos los reyes de Israel se casaban con las hijas de Asher, porque eran muy bellas, “Vehu Yitén Maadanei Melej – Y él daba los placeres de los reyes” ( ), demostrándonos las riqueza que poseía la tribu de Asher. Naftali también era una tribu acaudalada. El tratado de Meguilá (6a) explica que las demás tribus envidiaban a Naftali por la ubicación geográfica que obtuvo. “Naftali Al Meromé Sadé – Naftali estaba en las alturas de los campos”, es decir, que obtuvo campos muy grandes para cosechar y viñedos. También los de Dan eran gente de dinero, ya que poseían muchísimo oro. Tanto así que en los días de Yerobham Ben Nabat, como les sobraba tanto, hicieron un becerro de oro.
Reubén, Shimón y Gad se caracterizaban por ser personas humildes, estaban establecidas juntas. Cuando a Reubén le quitaron el sacerdocio y se lo dieron a Levy, se calló y no dijo nada. Cuando le quitaron el reino y se lo dieron a Yehudá, se calló y no dijo ni una sola palabra. Cuando le quitaron la primogenitura y se la dieron a Yosef, se calló y no dijo nada. Era muy humilde y aceptó, diciendo: Si Dios me lo quitó, es porque no soy el más adecuado, o porque hay mejores que yo. Shimón era la tribu más pobre. Se dedicaban a ser maestros de niños y ni siquiera un pedazo de tierra en Israel les dieron, por lo que tuvieron que unirse a Yehudá. Gad siempre fue comparado al talón, que es el símbolo de la humildad, ya que está ubicado en la zona más baja del cuerpo y así de esta manera se terminó de completar el círculo de tribus que rodeaban al santuario.
La Torá nos insinuó que debemos reunir las cuatro cualidades mencionadas anteriormente, para garantizar que la shejiná repose entre nosotros. Así como las tribus lo lograron, al dividirse en cuatro grupos de tres, reunieron todos juntos esas características especiales que provocaron que la shejiná reposara sobre ellas.
La pregunta que nos surge a todos es: ¿Acaso hay que ser millonario para que Dios esté junto a nosotros?, ¿Acaso hay que ser fuerte, asistiendo al gimnasio? ¿Hay que ser sabios, pero si no lo somos, qué pasa?
Por eso, Maimónides ( ) explica según una Mishná en Pirké Avot, que no es así como se entienden las cosas, sino: “¿Quién es el rico? Quien se alegra con lo suyo. ¿Quién es el fuerte? No quien conquista aldeas, ciudades y países, sino quien domina sus deseos. ¿Quién es el sabio? Quien aprende de los demás, quien piensa que todavía le falta mucho por saber. ¿Quién es el humilde y por eso respetado? Quien da honores y no los busca.
Por eso, el que se alegra con lo que tiene, domina sus deseos, estudia siempre y honra a los demás, tiene garantizado que la shejiná, la providencia divina, reposará siempre en él.
¿Cómo se pueden alcanzar a esas cualidades? La respuesta la encontramos dentro de nosotros. Al igual que la creación fue hecha de cuatro elementos básicos, así también el hombre esta compuesto de esos cuatro elementos, que son: aire, agua, tierra y fuego. Cada uno de ellos simboliza una de las características mencionadas anteriormente.
El fuerte es como el fuego. Es decir, quien controla sus deseos es el fuerte, y los deseos son como el fuego, tal y como lo decimos en Yom Kipur: “Hashem Tislaj Lanu Ki Hu Miesh Veanu Mi Basar Vadam - Dios perdónanos, porque el Yetzer Hará es de fuego y nosotros somos de carne y hueso. Entonces, ¿cómo vamos a controlar a ese fuego que nos cocina y nos come vivos? La respuesta es, convirtiéndonos en fuego, estudiando Torá, la Torá es comparada al fuego: “ “, y así es como podremos conquistar al Yetzer Hará. La Guemará de , dice: “Barati Yetzer Hará, Barati Lo Torá Tablín – Cree al Yetzer Hará, pero la Torá es su antídoto”. Solamente con el fuego controlaremos el fuego de nuestros deseos, y seremos fuertes.
¿Ahora, cómo podremos ser humildes? Utilizando el elemento de tierra que todos poseemos. Sobre la tierra todos pisan, hasta el día que ella pise sobre todos. La Guemará dice que no debemos ser techos, donde nadie puede llegar, sino que seamos suelos, porque el día en que se caiga la casa, el techo se quebrará, pero el suelo quedará. Cuando la persona se acostumbra a ser techo, la caída duele más.
Dios le dijo a los orgullosos que juntos no podían convivir, bajo el mismo techo. Una vez un rabino muy importante llegó a una ciudad, lo fueron a recibir dos personas: el rabino de la ciudad quien era demasiado orgulloso y una persona sencilla que ni siquiera guardaba el Shabat, ni comía Kasher. Ambos le empezaron a suplicar al rabino recién llegado, que se hospedara en su casa. El hombre que no era Kasher, se organizó de tal forma que no hubiera problemas con la comida y la casa del rabino era totalmente Kasher. Sin embargo, el huésped tan importante decidió irse a la casa del hombre sencillo, con tal de no ir a casa del rabino orgulloso. Le preguntaron el por qué de su decisión, y dijo que Dios reposa, incluso con el impuro. Pero al orgulloso, no lo puede ni ver. Si hay un orgulloso, Dios no está ahí. Por lo tanto, prefiero estar con Hashem.
Moshé fue el mejor ejemplo de humildad y por eso la shejiná siempre estaba con él. Si también reunimos esta cualidad, estaremos garantizando que la shejiná repose entre nosotros.
La sabiduría se compara al agua. Cuando aprendemos de los demás, estamos llenándonos, como un pozo de agua que se llena de las lluvias, de un manantial interno o de un canal que corre cerca y gota a gota se va llenando.
Las nubes se llenan de aguas evaporadas, del mar, de un vasito de té, etc. Así es nuestra sabiduría. Si estamos dispuestos a aprender de los mayores, de los pequeños, de los pobres, o como dijo el rey David: “Mikel Melamedai Hiscalti – De mis alumnos aprendí más”, entonces será cuando verdaderamente seremos sabios.
Hubo rabinos para los que cualquier detalle representaba una lección de ética, una moraleja para la vida. Una vez, el Jasón Ish iba caminando con sus alumnos por Bené Berak; era la época en que estaban colocando postes de luz en las aceras de las calles. Cuando llegaron, justo bajo el foco de luz, el rabino les dijo: Cuando estaba lejos del foco, mi sombra era muy grande, a medida que me iba acercando se iba haciendo más pequeña, hasta que llegué al foco y ahora ni siquiera tengo una sombra. Así nos ocurre, cuando estamos lejos de Dios. Creemos que somos muy grandes y a medida que nos acercamos a Él nos vamos empequeñeciendo, pero cuando realmente estamos bajo su luz, vemos que no somos nada y que no sabemos nada.
El agua es el elemento que nos enseña cómo aprender de todos, llenar nuestro pozo de sabiduría, con el agua de la Torá: “Kol Tzamé Yeleju La Mayim – Todos los sedientos vayan al agua”, refiriéndose al agua de la Torá.
El aire es el símbolo de las riquezas. El aire está compuesto de diferentes tipos de gases, uno de ellos es el oxígeno, que abarca el 20% del total de gases, ¿Qué pasaría si hubiera 60%, en vez de un 20%? Si prendiéramos un fósforo, explotaríamos todos. Entonces, al igual que en el aire está todo medido, perfectamente, el dinero de la persona también lo está. Si poseemos más de lo que nos corresponde, haríamos muchas tonterías. Si fuera menos, nos ahogaríamos ya que no sería suficiente. Lo que poseemos es exactamente lo que Dios consideró que necesitamos. Así como lo dice la Mishná en Pirké Avot: ¿Quién es el rico? Quien se alegra con lo suyo.
“Vimos que los cuatro elementos de la creación, nos vienen a insinuar las cuatro características que nos garantizan la presencia de Dios entre nosotros. Por eso nuestra Parashá nos enseñó la ubicación de las tribus alrededor del santuario, para que nosotros en nuestras vidas privadas, también estemos rodeados de estas cualidades y seamos dignos de recibir la providencia divina entre nosotros. Amén.”

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