PERASHÁ JAYE SARÁ

EL QUE RÍE DE ÚLTIMO, RÍE MEJOR


Una de las razones que obstaculizan al hombre para dar cambios importantes en su vida, como volver en teshuvá, es: ¿Qué dirán las amistades?, ¿mi socio, me abandonará?, etc.
Si nos comportamos constantemente como la sociedad exige, llegará el momento en que enloqueceremos.
Hay un chiste que cuentan, que dice así: Una vez, una pareja de recién casados, yemenitas, decidieron irse a vivir a una aldea muy lejana. Compraron un burro pequeñito, se subieron a él y partieron hacia su aldea. En el camino atravesaron por un pueblito. Salieron todos los habitantes y les dijeron: Pobrecito ese burro tan pequeño que carga a dos personas, seguro le romperán el lomo. El muchacho dijo que tenían razón y decidió bajarse del burro. Siguieron su camino y llegaron a otro pueblito, donde la gente disgustada le dijo al novio: Tú eres el rey de la casa, ya que tú eres el hombre, así que súbete al burro. El muchacho dijo que tenían razón, y le pidió a su esposa que se bajara del burro y fuera a pie. Siguieron su camino y se encontraron con un grupo de personas que estaba paseando. Viendo que la mujer estaba muy cansada, se acercaron al muchacho y le dijeron: No es bonito lo que estás haciendo; están recién casados y debes hacer honores a tu esposa. El novio dijo que en verdad tenían razón. Por lo tanto, decidieron ir los dos a pie junto al burrito. Vinieron otras personas y les dijeron: ¿Ustedes son tontos que tienen un burro y no se montan sobre él? Entonces decidieron ambos montar al burro sobre sus hombros. Al rato pasó otra persona y les dijo: “tres burros” (Rabino Amnón Itzjak).
La persona debe comportarse según lo que él considere correcto, y no como las amistades lo consideren. Especialmente, si estamos hablando de seguir el camino de Dios, no hay que avergonzarse de los que se burlan, ya que hay un refrán que dice: “El que ríe de último, ríe mejor”. Al final, se darán cuenta que el que en verdad triunfó en la vida, fue aquel que tomó la decisión correcta de ir por el camino de la Torá. Y no solo eso, sino que ellos mismos te honrarán.
Todas las parashiot vienen relacionadas con sus haftarot. Esta semana, la relación existente entre ambas está en el mismo mensaje que acabamos de desarrollar.
En nuestra Parashá vemos a dos hermanos, Yishmael e Itzjak. Yishmael se caracterizó por burlarse permanentemente de su hermano Itzjak. Tal y como está escrito “Vatere Sará et Ben Hagar… Metzajek – Y vio Sará a Yishmael… burlándose” (Génesis 21:9). Está escrito en la tosefta del tratado de Sotá (Perek 6): Al nacer Itzjak, Yishmael se estaba burlando diciendo que él era el primogénito y por lo tanto le correspondían dos partes de la herencia.
Así también está escrito en el tratado de Sanedrín 89b, con respecto al versículo “Vaijí Ajaré Hadebarim Haele – Y fue después de estos hechos” (Génesis 22:1), dijo Rabí Levy: Yishmael le dice a Itzjak, que él es más importante porque su circuncisión fue a los trece años y en cambio la de Itzjak fue a los ocho días.
Vemos cómo todo el tiempo Yishmael se reía de Itzjak, para hacerlo sentir inferior. Pero, lógicamente, Itzjak no se lo tomaba a pecho, ya que él sabía que algún día su hermano bajaría la cabeza y pediría perdón.
Efectivamente, cuando Yishmael fue a enterrar a su padre, vio a su hermano Itzjak. Era un hombre ejemplar y justo, totalmente opuesto a él. Ahí fue cuando se descubrió quien fue el vencedor.
El Midrash Hagadá pregunta con respecto al versículo que dice: “Vayikberú otó Itzjak VeYishmael – Y lo enterraron (a Abraham) Itzjak e Yishmael” (Génesis 25:9). ¿Por qué la Torá adelantó el nombre de Itzjak al de Yishmael en ese versículo? Porque Yishmael se dio cuenta que Itzjak era un hombre mucho más justo que él.
El mismo mensaje lo encontramos en nuestra haftará, que habla sobre los hijos del rey David. Adoniahu, pensó siempre que él tenía las capacidades de ser rey, y además despreciaba a sus hermanos. Por ejemplo, no invitó a Shlomó al banquete organizado por él. Pero al final se reveló, que ese muchacho llamado Shlomó, era el rey de Israel y no Adoniahu. Y más bien, este iba a donde el rey Shlomó a rendirle honores y a prosternarse ante él.
Hoy en día lo podemos ver entre nuestros niños, que el más inteligente, el que más estudia es rechazado por sus amigos. Sin embargo, los vagos son los considerados como lo máximo, especialmente si van con pelo pintado y con zarcillos. Muchos jóvenes no soportan ese ambiente y finalmente terminan sufriendo, ante tantas burlas. Pero hay otros muchachos, que no prestan atención a la moda y siguen su rumbo sin ningún complejo. Al final, todos los caminos convergen, y ahí es cuando se ven los resultados, ¿quién triunfó más en la vida? El vago con zarcillos y pelo pintado se quedó en su adolescencia y nunca salió adelante, mientras que el inteligente que le gustaba estudiar, se hizo un gran hombre ejemplar y justo. Siempre se repite la misma historia. Yishmael baja su cabeza pidiendo perdón a Itzjak y Adoniahu se prosterna ante Shlomó.
Así también le ocurrió a Yosef con sus hermanos y a David con los suyos.
Esta es la línea de pensamiento que toda familia debe llevar. Si realmente estamos convencidos de la existencia de Dios y queremos volver a su Torá, no podemos permitirnos dejar de hacer lo correcto por causa de aquellos que se burlen diciéndonos “te lavaron el cerebro”. Y cuando nos lo digan, digámosles que efectivamente nos lavaron el cerebro, que estaba muy sucio y ahora quedó limpio y puro.
Así ellos mismos bajarán su cabeza al ver que estamos alegres alrededor de la mesa de Shabat, nos dirigimos unos a otros con respeto, somos felices en nuestra vida, etc. En cambio ellos con todo, no son nada.
Hay padres que se burlan de sus hijos religiosos y que a la larga ven que aquellos hijos que no fueron religiosos, salen mal encaminados, bien sea porque se casan con una goyá, o porque fuman drogas, o porque son descarados. En cambio, sus hijos religiosos son más respetuosos, son correctos y justos. Entonces es cuando esos padres bajan la cabeza y se dan cuenta de los resultados.
Este fenómeno lo vemos con nosotros y las demás naciones. Hemos sido el pueblo odiado, perseguido y humillado por muchos siglos. Llegará el día, no muy lejano, en el que Dios se revele en el mundo y eleve a su pueblo elegido por encima de las demás naciones. En ese día será cuando vendrán a honrar a Itzjak, a Shlomó, a David, a Yosef, a Am Israel.
Es por eso que siempre fuimos comparados a príncipes, “hijos de reyes”. Si analizamos la vida de un príncipe desde su infancia, seguramente encontraremos que ningún niño de su edad quisiera ser un príncipe, ya que eso implica vivir aburrido, tener profesor particular en la mañana, en la tarde y en la noche, ir vestido elegantemente todo el día, comer con muy buenos modales, asistir a fiestas aburridas y casi sin amistades de su edad, no puede correr descalzo, jugar fútbol, jugar en la grama con sus amigos, hacer travesuras, etc. Pero cuando este príncipe se convierta en rey, todos le envidiarán, porque verán que es una persona culta, inteligente, millonaria, con mucha clase, cosa que ninguno de ellos tiene y nunca conseguirán.
Así ocurre con nosotros; somos príncipes, hijos de reyes y por ahora nadie nos envidia porque ven que en nuestra Torá todo está prohibido, no comerás, no harás, no ir a tal sitio, etc. Y para ellos todo esta permitido. Pero llegará el día en que todos nosotros seremos reyes, y todos nos envidiarán. Por eso escribió el rey David “Az Yimalé Sjok Pinu – Y será, que se llenen de risas nuestras bocas”, añorando la llegada de ese gran día. Que sea la voluntad de Dios que todos nuestros enemigos se prosternen ante nosotros, que pronto veamos nuestra redención y que se revele la gloria de los cielos en la tierra. Amén.

PERASHA BAMIDBAR

ALREDEDOR DE LA TORÁ


Cuando Dios bajó a entregar la Torá, lo hizo rodeado de un ejército de ángeles, bien organizados y ordenados. Bené Israel cuando vieron la forma en que los ejércitos de Dios estaban organizados, le pidieron a Moshé que también los organizara a ellos de una forma ordenada y unida. Dios, en esta Parashá, le dió instruccciones a Moshé de cómo organizarlos. Tres de cada lado del santuario, de tal forma que estuviera rodeado por los cuatro costados, así como lo estaba Dios en la entrega de la Torá.
Moshé, por un momento, llegó a pensar que las tribus iban a empezar a pelear por el lugar en el que se iban a ubicar. Tal vez todas iban a querer estar en el norte, o en el este, etc. Pero, Dios lo tranquilizó diciéndoles que las tribus se iban a ubicar alrededor del santuario, de la misma manera en que los hijos de Yaakov levantaron su campamento. Es decir, Zebulún, Yisajar y Yehudá por un lado. Binyamín, Efraim y Menashé por el segundo costado. Dan, Asher y Naftali por el tercer lado y Reubén, Shimón y Gad por el cuarto costado.
Así fue como se ubicaron en el desierto. La pregunta que surge ahora es: ¿Qué fue lo que determinó que, por ejemplo, Reuben y Gad estuvieran juntos o Yehudá con Yisajar también?
Explican los comentaristas, según una Guemará que dice que Dios no reposa su shejiná (providencia) sino en aquellos que reúnen las siguientes cuatro cualidades: Rico, sabio, fuerte y humilde.
Por eso, Yehudá, Yisajar y Zebulún estaban reunidos en el mismo lado, ya que los tres eran sabios. Yehudá era sabio en cómo liderizar un pueblo, Zebulún era sabio en los negocios e Yisajar era sabio en la Torá.
Del otro lado del santuario estaban los fuertes, Binyamín, Efraim y Menashé, tal y como lo dijo el salmista: “Lebené Efraim, Menashé Ubinyamín Orerá Gueburateja – A los descendientes de Efraim, Menashé y Binyamín les despertó tu fuerza” (Tehilim ). Además que la tribu de Menashé se destacó por ser siempre la pionera del desierto.
Dan, Asher y Naftali eran los ricos y estaban ubicados en otro lado del santuario. La Torá dijo de Asher: “Shemená Lajmó – Se engordó su pan”, símbolo de riqueza. También es sabido que todos los reyes de Israel se casaban con las hijas de Asher, porque eran muy bellas, “Vehu Yitén Maadanei Melej – Y él daba los placeres de los reyes” ( ), demostrándonos las riqueza que poseía la tribu de Asher. Naftali también era una tribu acaudalada. El tratado de Meguilá (6a) explica que las demás tribus envidiaban a Naftali por la ubicación geográfica que obtuvo. “Naftali Al Meromé Sadé – Naftali estaba en las alturas de los campos”, es decir, que obtuvo campos muy grandes para cosechar y viñedos. También los de Dan eran gente de dinero, ya que poseían muchísimo oro. Tanto así que en los días de Yerobham Ben Nabat, como les sobraba tanto, hicieron un becerro de oro.
Reubén, Shimón y Gad se caracterizaban por ser personas humildes, estaban establecidas juntas. Cuando a Reubén le quitaron el sacerdocio y se lo dieron a Levy, se calló y no dijo nada. Cuando le quitaron el reino y se lo dieron a Yehudá, se calló y no dijo ni una sola palabra. Cuando le quitaron la primogenitura y se la dieron a Yosef, se calló y no dijo nada. Era muy humilde y aceptó, diciendo: Si Dios me lo quitó, es porque no soy el más adecuado, o porque hay mejores que yo. Shimón era la tribu más pobre. Se dedicaban a ser maestros de niños y ni siquiera un pedazo de tierra en Israel les dieron, por lo que tuvieron que unirse a Yehudá. Gad siempre fue comparado al talón, que es el símbolo de la humildad, ya que está ubicado en la zona más baja del cuerpo y así de esta manera se terminó de completar el círculo de tribus que rodeaban al santuario.
La Torá nos insinuó que debemos reunir las cuatro cualidades mencionadas anteriormente, para garantizar que la shejiná repose entre nosotros. Así como las tribus lo lograron, al dividirse en cuatro grupos de tres, reunieron todos juntos esas características especiales que provocaron que la shejiná reposara sobre ellas.
La pregunta que nos surge a todos es: ¿Acaso hay que ser millonario para que Dios esté junto a nosotros?, ¿Acaso hay que ser fuerte, asistiendo al gimnasio? ¿Hay que ser sabios, pero si no lo somos, qué pasa?
Por eso, Maimónides ( ) explica según una Mishná en Pirké Avot, que no es así como se entienden las cosas, sino: “¿Quién es el rico? Quien se alegra con lo suyo. ¿Quién es el fuerte? No quien conquista aldeas, ciudades y países, sino quien domina sus deseos. ¿Quién es el sabio? Quien aprende de los demás, quien piensa que todavía le falta mucho por saber. ¿Quién es el humilde y por eso respetado? Quien da honores y no los busca.
Por eso, el que se alegra con lo que tiene, domina sus deseos, estudia siempre y honra a los demás, tiene garantizado que la shejiná, la providencia divina, reposará siempre en él.
¿Cómo se pueden alcanzar a esas cualidades? La respuesta la encontramos dentro de nosotros. Al igual que la creación fue hecha de cuatro elementos básicos, así también el hombre esta compuesto de esos cuatro elementos, que son: aire, agua, tierra y fuego. Cada uno de ellos simboliza una de las características mencionadas anteriormente.
El fuerte es como el fuego. Es decir, quien controla sus deseos es el fuerte, y los deseos son como el fuego, tal y como lo decimos en Yom Kipur: “Hashem Tislaj Lanu Ki Hu Miesh Veanu Mi Basar Vadam - Dios perdónanos, porque el Yetzer Hará es de fuego y nosotros somos de carne y hueso. Entonces, ¿cómo vamos a controlar a ese fuego que nos cocina y nos come vivos? La respuesta es, convirtiéndonos en fuego, estudiando Torá, la Torá es comparada al fuego: “ “, y así es como podremos conquistar al Yetzer Hará. La Guemará de , dice: “Barati Yetzer Hará, Barati Lo Torá Tablín – Cree al Yetzer Hará, pero la Torá es su antídoto”. Solamente con el fuego controlaremos el fuego de nuestros deseos, y seremos fuertes.
¿Ahora, cómo podremos ser humildes? Utilizando el elemento de tierra que todos poseemos. Sobre la tierra todos pisan, hasta el día que ella pise sobre todos. La Guemará dice que no debemos ser techos, donde nadie puede llegar, sino que seamos suelos, porque el día en que se caiga la casa, el techo se quebrará, pero el suelo quedará. Cuando la persona se acostumbra a ser techo, la caída duele más.
Dios le dijo a los orgullosos que juntos no podían convivir, bajo el mismo techo. Una vez un rabino muy importante llegó a una ciudad, lo fueron a recibir dos personas: el rabino de la ciudad quien era demasiado orgulloso y una persona sencilla que ni siquiera guardaba el Shabat, ni comía Kasher. Ambos le empezaron a suplicar al rabino recién llegado, que se hospedara en su casa. El hombre que no era Kasher, se organizó de tal forma que no hubiera problemas con la comida y la casa del rabino era totalmente Kasher. Sin embargo, el huésped tan importante decidió irse a la casa del hombre sencillo, con tal de no ir a casa del rabino orgulloso. Le preguntaron el por qué de su decisión, y dijo que Dios reposa, incluso con el impuro. Pero al orgulloso, no lo puede ni ver. Si hay un orgulloso, Dios no está ahí. Por lo tanto, prefiero estar con Hashem.
Moshé fue el mejor ejemplo de humildad y por eso la shejiná siempre estaba con él. Si también reunimos esta cualidad, estaremos garantizando que la shejiná repose entre nosotros.
La sabiduría se compara al agua. Cuando aprendemos de los demás, estamos llenándonos, como un pozo de agua que se llena de las lluvias, de un manantial interno o de un canal que corre cerca y gota a gota se va llenando.
Las nubes se llenan de aguas evaporadas, del mar, de un vasito de té, etc. Así es nuestra sabiduría. Si estamos dispuestos a aprender de los mayores, de los pequeños, de los pobres, o como dijo el rey David: “Mikel Melamedai Hiscalti – De mis alumnos aprendí más”, entonces será cuando verdaderamente seremos sabios.
Hubo rabinos para los que cualquier detalle representaba una lección de ética, una moraleja para la vida. Una vez, el Jasón Ish iba caminando con sus alumnos por Bené Berak; era la época en que estaban colocando postes de luz en las aceras de las calles. Cuando llegaron, justo bajo el foco de luz, el rabino les dijo: Cuando estaba lejos del foco, mi sombra era muy grande, a medida que me iba acercando se iba haciendo más pequeña, hasta que llegué al foco y ahora ni siquiera tengo una sombra. Así nos ocurre, cuando estamos lejos de Dios. Creemos que somos muy grandes y a medida que nos acercamos a Él nos vamos empequeñeciendo, pero cuando realmente estamos bajo su luz, vemos que no somos nada y que no sabemos nada.
El agua es el elemento que nos enseña cómo aprender de todos, llenar nuestro pozo de sabiduría, con el agua de la Torá: “Kol Tzamé Yeleju La Mayim – Todos los sedientos vayan al agua”, refiriéndose al agua de la Torá.
El aire es el símbolo de las riquezas. El aire está compuesto de diferentes tipos de gases, uno de ellos es el oxígeno, que abarca el 20% del total de gases, ¿Qué pasaría si hubiera 60%, en vez de un 20%? Si prendiéramos un fósforo, explotaríamos todos. Entonces, al igual que en el aire está todo medido, perfectamente, el dinero de la persona también lo está. Si poseemos más de lo que nos corresponde, haríamos muchas tonterías. Si fuera menos, nos ahogaríamos ya que no sería suficiente. Lo que poseemos es exactamente lo que Dios consideró que necesitamos. Así como lo dice la Mishná en Pirké Avot: ¿Quién es el rico? Quien se alegra con lo suyo.
“Vimos que los cuatro elementos de la creación, nos vienen a insinuar las cuatro características que nos garantizan la presencia de Dios entre nosotros. Por eso nuestra Parashá nos enseñó la ubicación de las tribus alrededor del santuario, para que nosotros en nuestras vidas privadas, también estemos rodeados de estas cualidades y seamos dignos de recibir la providencia divina entre nosotros. Amén.”

PERASHÁ TAZRÍA

PURO DE COMIENZO A FIN


La Parashá de Tzría y Metzorá, que generalmente están unidas, se dividen en dos partes. La primera parte trata de la mujer que da a luz a un niño y en el octavo día de su nacimiento lo circuncida. La segunda parte trata del Metzorá (leproso). Nuestros sabios dijeron que las letras de la palabra Metzorá son las iniciales de las palabras que conforman la frase: Motzi Ra Meha Pe Sheló, o sea, habla lo malo por su boca. La mayoría, de las charlas que tratan del Lashón Hará (cuide su lengua) se sacan de esta Parashá. Por ultimo, se refiere a la mujer que queda impura por su menstruación y al hombre que queda impuro por haber tenido un fluido.
¿Qué tienen en común todos estos temas? Primero tuvo que haber tratado todos los temas concernientes a la mujer, recién parida, menstruando, etc, y después del leproso, ¿por qué?, ¿qué tienen en común el leproso y el que habla mal de los demás?
Todo esto lo entenderemos según lo que explica el Zohar: La boca superior está unida a la boca inferior. [Es importante informarles a los padres que esta charla no es para niños]. El cuerpo humano está compuesto por un canal que empieza en nuestra boca (la boca superior) y culmina en los genitales (boca inferior). Todo lo que entra por una de las bocas, sale por la otra. El Zohar dice que aquel que pueda cuidar su boca con cosas de santidad y pureza, automáticamente está cuidando la boca inferior, porque es el mismo canal.
Por eso, en todas las parashiot que hablan de la boca, está estrictamente relacionada la otra boca mencionada anteriormente.
Por ejemplo, en nuestra Parashá, vemos cómo al principio se refiere a la mujer que da a luz, después circuncida su hijo y esta queda impura por un lapso de tiempo por la sangre que desprende, etc. Todos estos temas se relacionan con la boca inferior. Después empieza a relacionarlo con la persona que habla mal de los demás, por su boca superior. Al final, otra vez vuelve la Torá a hablar de la boca inferior, trayéndonos las leyes de la mujer cuando menstrua, el hombre que está impuro por fluidos, etc. Si unimos toda esta información, con los datos de la última Parashá (Sheminí), encontraremos algo increíble. Allá se está hablando de las comidas prohibidas de ingerir, que están relacionadas con la boca superior. Vemos, entonces, que la Torá al final de la Parashá Sheminí está hablando de la boca superior. Al principio de la Parashá Tazría está hablando de la boca inferior. En la Parashá Metzorá (leproso) habla de la boca superior y al final de esta misma Parashá se habla de la boca inferior.
Existe una estricta y clara relación entre ambas bocas. Por un lado aprendimos que si nos cuidamos de qué meter en nuestra boca podremos estar tranquilos de lo que saldrá por la otra. También aprendimos que si no cuidamos lo que sacamos por nuestra boca, lo que salga por la otra tampoco será muy bueno.
Es decir, aquel que cuida su boca superior, bien sea cuidándose de lo que come y de lo que saca por ella, tiene mayor respaldo que aquel que no se cuida para nada de estas cosas, ya que las pruebas de adulterio, expulsar semen en vano, relaciones en períodos de menstruación, etc. por las que atraviesa la persona, diariamente, son muy grandes y si alguien se cuida de qué comer, de bendecir antes y despues, de no hablar mal del compañero, de no decir groserias, de no maldecir a nadie, le será mucho más facil cuidar su boca inferior.
Segundo ejemplo: En la parashá de Noaj, la Torá nos enseñó dos cosas: hay animales puros e impuros, que debemos hablar en un lenguaje limpio. Es decir, Dios le dijo a Noaj que tomara siete parejas de animales puros y dos de los NO PUROS. Dios le dijo así para no pronunciar la palabra impuro.
¿Por qué allí la Torá nos enseñó eso? Porque esa generación era muy corrupta y prostituida, “Ki Ishjit Kol Basar Et Darkó Al Haaretz – Porque se corumpió el camino de todo humano en la tierra” ( ). Pecaron al mezclarse entre ellos. Por eso la Torá lo dijo allí: si cuidas lo sacas por tu boca, te cuidarás de lo que salga por la otra.
A Noaj se le calificó como justo, ya que se cuidó mucho de no hacer esas cosas. Igual que a Yosef, se le llamo justo ya que no cayó en las redes de la esposa de Potifar. Supieron guardar su pacto con Dios.
Al final de esa parashá está escrito que Noaj se emborrachó, no se cuidó de lo que metió por su boca y la consecuencia fue que su hijo Jam lo castrara, aunque según otro comentarista, Jam violó a su padre Noaj. Por no haber cuidado su boca superior, su boca inferior se perjudicó.
El último ejemplo (hay muchos más, pero no quisiera alargar). ¿Por el mérito de qué salimos de Egipto? Si analizamos, encontraremos dos motivos principales. Bené Israel no cambiaron sus nombres, su idioma, rezaron a Dios y los escuchó. El segundo motivo es porque no se asimilaron y por el mérito de las mujeres justas, Am Israel se liberó.
Aquí volvemos a ver que por cuidar su boca superior, por hablar siempre en el idioma de sus ancestros y por rezarle a Dios, ¿cuáles fueron las consecuencias? Ninguna mujer se prostituyó con un egipcio, no habia matrimonios mixtos, y además daban a luz muchos niños grandes y fuertes, como lo explican los midrashim. La ventaja que tenía el hablar el idioma de sus ancestros, Lashon Hakodesh – Lengua Santa, era que les transmitía santidad. Explica el Rambam que el motivo por el que transmitía santidad, es porque en el hbreo biblico no existen palabras que designen los miembros sexuales de la persona.
La Torá se preocupó de contarnos la historia de una pareja que rompía con los patrones establecidos: la mujer era Shulamit Bat Dibrí y el marido era Datán. Shulamit fue la única mujer que se acostó con un egipcio y de esta relación nació de esta relacion, un niño. ¿Por qué precisamente ella? Los midrashim explican que su nombre Shulamit, viene de la palabra Shalom – Hola, Bat Dibrí – Hija de Dibrí – Habladora. Es decir, ella saludaba a todos los egipcios que pasaban por su lado, pero no era un saludo cortés, sino que era un saludo que se alargaba con una conversación, lo que no se considera recato para una mujer judía. Su marido Datán fue el que acusó a Moshé con el Faraón, diciendo que había matado a un egipcio, forzando a que Moshé se escapase. Así que en una pareja como esta, que no cuidó lo qué sacar por sus bocas superiores, no es de extrañar que no se cuidó con sus bocas inferiores.
Debemos cuidar el canal desde su comienzo hasta su final. Por eso ambos extremos se llaman boca. En hebreo, palabra y circuncisión, se dice Milá, para enseñarnos que para cuidar nuestro pacto debemos cuidar nuestras palabras.
Cuidemos nuestras bocas superiores, hablando bien, comiendo Kasher, diciendo las bendiciones de las comidas, y así Dios nos ayudará a cuidar nuestra boca inferior, que es el lugar más santo del cuerpo. Tal y como nuestros patriarcas lo hicieron, cada vez que necesitaban jurar, ponian su mano encima de su boca inferior como garantia de su juramento, ya que es santa. Pero si no lo cuidamos entonces se convierte en el lugar más impuro del cuerpo, Dios nos libre.
“Que sea la voluntad de Dios, que podamos mantener siempre el canal puro desde su comienzo hasta su final. Amén.”

Perashá Vaikrá

LA BUENA VOLUNTAD

Nuestra Parashá se encarga de la ofrenda de los sacrificios traídos por todo Am Israel. La regla general consistía, en que cada persona trajera un sacrificio dependiendo de su posición económica. El rico traía un toro, el mediano traía una oveja o un chivo, el pobre traía dos palomas y el pobre más pobre traía un poquito de harina con aceite.
Sobre esto está dicho: Unos dan mucho, otros dan poco, pero lo principal es que cuando lo den, su corazón esté mirando a los cielos. Es decir, Dios no quiere de nosotros cantidades, sino que demos en función de lo recibido de Él y que en el momento de dar, lo hagamos con buena voluntad.
El las parashiot anteriores se hablaba de las donaciones que se hacían al santuario. La Torá menciona las donaciones de oro, plata y cobre. Explican nuestros sabios, cuando la Torá mecionó las donaciones, su intención no era designar el tipo de metal, sino hacer hincapié, en la calidad de la donación. Es decir, oro en hebreo se dice Zahav; las letras de esta palabra se pueden leer como las iniciales de la siguiente frase: “Éste es el que da con buena voluntad”. También con la plata ocurre lo mismo; plata en hebreo se dice Kesef; estas letras son las iniciales de la frase: “Cuando acecha el peligro, abre su bolsillo”, refiriéndose a los que dan dinero a las instituciones benéficas, solo cuando están por atravesar momentos difíciles en la familia. Así también ocurre con el cobre, que en hebreo se dice Nejoshet; las letras de Nejoshet pueden ser leídas como las iniciales de la frase: “El donativo de un enfermo que dijo: donen por mi”, refiriéndose a una persona se enfermó, se acordó que quiere dar dinero para curarse, pero no puede donar por sí misma.
Vemos que hay los que donan de buena voluntad, no importa cuánto, pero lo importante es que lo hacen con alegría, con muchas ganas. La Torá definió a este tipo de personas, como el oro. Aquellos que donaron por temor a un peligro, recibieron la calificación de plata y hay los que donaron, una vez que ya estaban metidos en el peligro, y recibieron la medalla de cobre.
Por eso Dios le dio a Betzalel una sabiduría superior, para que pudiera discernir entre los donativos, cuáles fueron dados con buena voluntad y cuáles fueron dados por obligación.
Aquello que fue donado con muy buena voluntad fue destinado al Kodesh Hakodashim, lo que fue dado con voluntad se destinó a la parte exterior del Kodesh Hakodashim y lo que se dio sin buena voluntad, se destinó al patio del santuario.
Nuestros sabios se preguntan ¿cómo es posible que hubiera tanto oro, como para construir el arca con sus arcángeles y el resto de los utensilios que se utilizaban? Respondieron que cuando se da el dinero con muy buen corazón, ese dinero recibe bendición y alcanza para todo.
Por eso Dios cuando pedía, su requisito principal era que fuera una “Nedibat Leb – Una donación desde el corazón”, es decir que a Dios lo único que le interesaba era una donación que viniera de todo corazón. No le importaba la cantidad, sino la calidad.
Muchos maridos se quejan, a menudo, de que sus esposas cuando abren el armario dicen que no tienen lo qué ponerse. Debemos saber que la mayoría de las veces no son las mujeres el problema, sino que los maridos son los culpables de esa situación, ya que le dan el dinero para comprarse su ropa de muy mala gana, sin voluntad y por eso no hay bendición en ese vestido. Así también nos ocurre cuando le regalamos plata a un pobre; si lo hacemos de muy mala gana entonces no veremos bendición en nuestros bienes, pero si lo hacemos con amor y compasión será cuando Dios nos bendecirá en todo. Así dijo el rey Shlomó (Proverbios ), es mejor dar a un pobre una sopa de verduras con buena voluntad, que un toro entero sin ganas. Con la cara de Tishá Beav.
Así también debe ser con las donaciones que se dan a las sinagogas, Yeshivot, Kolel, lo que se de, tiene que ser dado con amor.
Por eso, dijo el Ben Ish Jay: Existe una diferencia entre donación y promesa. La promesa es dicha por alguien que quiere donar dinero a una institución y algún día lo cancelará. Sin embargo, la donación es cuando alguien va a la institución con el dinero en la mano y lo da. Al que dona dinero se le llama Tzadik (justo), pero el que hace una promesa, no siempre es bueno, porque en el momento en que promete, lo hace con mucha emoción pero después no cumple o lo hace de mala gana. Por ejemplo, cuando alguien en Yom Kipur a la hora de Nehilá, momento en que más puro y santo es, promete donar una cantidad a la sinagoga. Pasa un mes, lo llaman por teléfono a recordarle su promesa y él dice: justo me llamaron en el momento menos apropiado. Finalmente va a dar el dinero, pero la voluntad con que lo va a dar, no va a ser la misma con la que lo prometió.
Cuentan que una vez, un avaro muy grande, quiso donarle dinero a un rabino que tenía una yeshivá. El rabino, como sabía que esa persona era muy avara, le dijo que se quedara con su dinero. Después fueron todos los alumnos del rabino y le preguntaron: ¿por qué rechazó ese donativo? El rabino les respondió: Si hubieran visto la alegría con la que tomó su dinero de vuelta, no hubieran preguntado.
Si es así, vemos que todo depende de la voluntad. Esta voluntad no es solamente entre los hombres, sino que también de Dios para el hombre. Como sabemos todos, Dios es quien alimenta y sostiene al mundo. Hay personas que reciben su dinero con muy buena voluntad de Dios, ya que Le rezan, estudian Torá, cumplen con Sus mitzvot. Por eso, todo su dinero, por cuanto que les fue dado con amor y con buena voluntad, es bendecido. Como dijeron nuestros sabios: “Ojel Kimhá Umitbarej Betoj Meab – Come muy poquito y se sacia su estómago” ( ). Nuestros ojos lo ven día a día.
Sin embargo, hay personas que reciben mucho dinero de Dios, pero no reciben bendición en él. Es decir, tienen dinero pero no saben explicar cómo se les va tan rápido. Hay veces que ni siquiera llegan a terminar el mes. Por eso dijo el rey Shlomó: “Tzadik Ojel Lesoba Nafshó Ubeten Reshaim Tajsor – El justo come para saciar su alma, y al estómago de los malvados, faltará” ( ).
Vemos que la voluntad lo hace todo y por eso cuando vayamos a dar, debemos dar en función de los que nos dio Dios. Si sabemos, que de todas maneras, siempre tenemos que dar, entonces por lo menos hagámoslo con alegría, para que seamos bendecidos.
“Que sea la voluntad de Dios que lo que nos vaya a dar sea con buena voluntad y si fuera poco, entonces que veamos bendición en ese dinero, para que lo utilicemos como si fuera mucho. Amén.”

PERASHÁ VAYAKHEL

EL GRAN SANTUARIO

Al final del libro de Éxodo, el tema principal es la construcción del santuario. Hoy en día, mucha gente que lee estas parashiot se pregunta: ¿Cuál es la moraleja que nos deja el santuario, la Menorá, el altar, los cohanim y los leviim, para nuestro día a día? ¿Acaso la Torá no es una guía para todas las generaciones, y para todos los lugares?

La respuesta es, que desde que se destruyó el Segundo Templo salimos a la diáspora y en todo lugar a donde llegamos elevamos un pequeño santuario, comunidades judías en todas las esquinas del mundo. Ese es el mensaje de estas parashiot.

¿Cómo debemos construir nuestro santuario comunitario? Exactamente como nos lo enseña nuestra Parashá Betzalel y Aholiab Ben Ajaisamaj, ambos construyeron un santuario con Menorá, altar, mesa, Arón Hakodesh, arcángeles. Toda comunidad en el mundo debe hacer su propio santuario.

La unión de las dos comunidades, la sefardí y la asquenazí, es como la unión de Betzalel con Aholiab. Cada Shojet, restaurante kasher, panadería, salón de fiestas, es como un nuevo altar.

Con cada institución de ayuda, Keren Ezrá, Tzedaká Baseter, se construye la mesa con el pan que había en el Templo. Con cada Talmid Jajam, Abrej, Rabino, Ben Torá, Moré, se construye el Arón Hakodesh. Los colegios, Talmud Torá y jardines de infancia, son los arcángeles. Cada Mikvé para mujeres, Mikvé para utensilios, Mikvé para hombres, son como el Kior (lavamanos de cobre donde se purificaban las manos y los pies de los Cohén) del Templo. Cada persona que reza en la sinagoga es como el Levy cantando en el Templo, y cada Jazán es como el Cohen que supervisa a los Levy. Cada casa donde se encienden las velas de Shabat es como la Menorá del santuario.

Por eso, en toda comunidad deben existir todos estos detalles, que son muy importantes. Si llegase a faltar uno de ellos el santuario no estaría completo. Especialmente el Arón Hakodesh, si llegase a faltar una pieza tan importante como esta, nada tendría sentido, ya que en él estaban depositadas las tablas de la Ley y la Torá.

No podemos olvidar que teníamos dos Templos. En el primero hubo muchísimos milagros, que se realizaban diariamente delante de los ojos de todo el mundo. La Shejiná (providencia) de Dios se palpaba. Pero en el segundo Templo no reposaba la Shejiná, no había milagros, y el motivo era porque faltaba el Arón Hakodesh.

Hoy en día existen comunidades que son como el primer Templo porque están compuestas por todas las piezas y no les falta nada. Pero, desafortunadamente, también existen comunidades que están como el segundo Templo. Tienen mesa para los pobres, altares, etc., pero no tienen Torá, no tienen rabinos. A esas comunidades hay que informarles que les falta lo más sagrado, el Kodesh Hakodashim. Por eso no podemos permitir que en nuestra comunidad falte alguno de los componentes del Santuario.

Sin embargo todos esos utensilios no servirán para nada si no hay unión, hermandad y paz entre todos. Como dijo el rey Salomón en Shir Hashirim, acerca del Templo: “Vetojó Ratzuf Ahabá – Por dentro estaba cubierto de amor”. Si en una comunidad están todos los utensilios del santuario, y unos pelean con otros, entonces no nos queda más que un santuario destruido, porque cada utensilio trabajará separadamente, y eso no es una comunidad.

Por eso escogió Dios a Shlomó y no a su padre David, para construir el Templo, ya que las manos de David estaban llenas de sangre, y aún cuando era sangre que derramó por defender a su pueblo, prefirió Dios a Shlomó, que viene de la palabra Shalom, Paz, para que construyera Su Templo, ya que el objetivo principal del Templo es hacer reposar la paz entre todos los integrantes de Am Israel y entre Am Israel con Dios.

En el santuario que anduvo por el desierto cuarenta años, el Cohén Gadol escogido por Dios fue Aharón, quien era una persona que amaba la paz y la perseguía.

En nuestra Parashá está escrito: “Vahayá Hamishkán Ejad – Y el santuario fue uno”, lo que significa que tiene que ser uno, unión. La palabra uno en hebreo se dice Ejad y el valor numérico de sus letras equivale a trece, que coincidencialmente es el mismo valor de la palabra Ahavá, amor. Unión y amor son de primordial importancia.

Al igual que en el lavado ritual de las manos, una mano lava a la otra, así nosotros debemos ayudarnos el uno al otro.

Cuentan nuestros sabios que en Jerusalem había dos hermanos huérfanos, uno soltero y el otro casado, que se repartieron la tierra de sus padres, equitativamente. Una noche, el hermano casado pensó que su hermano soltero prontamente se casaría, por lo que necesitaría mayor cantidad de trigo para vender y así reunir suficiente dinero para el casamiento. Esperó hasta la media noche para llevarle unas gavillas de su granero al de su hermano, sin que él lo viera, y una vez que se lo llevó, se fue a dormir. Simultáneamente, el hermano pensó que como él era soltero, sus gastos eran mucho menores y los de su hermano casado eran mayores, por lo que decidió también llevarle de sus gavillas al granero del hermano, y una vez que lo hizo, también se fue a dormir. Al día siguiente, cuando se levantaron ambos a trabajar la tierra y entraron a sus graneros respectivos, vieron que había exactamente la misma cantidad de trigo que el día anterior, es decir que no se había disminuido en absoluto. Ambos pensaron que de seguro había sido un milagro de Dios, al ver la buena acción realizada, por lo que decidieron ambos que la próxima noche le llevaría más gavillas de trigo al otro. Esa noche iban los dos cargando toda esa cantidad de trigo en sus espaldas y se encontraron a mitad de camino, en la cima de la montaña. En ese momento, ambos bajaron la carga, se pusieron a llorar de la alegría y se abrazaron. Cuentan nuestros sabios que en ese instante Dios dijo: En este sitio, construiré Mi Casa.

La voluntad de Dios es que cada santuario, comunidad que haya en la diáspora, sea completo y con mucha unión y amor.

“Que sea el deseo de Dios que construyamos un santuario completo, en todos los lugares del mundo, con mucha unión, hasta que llegue, prontamente, el día en que nos reunamos en Jerusalem a construir el tercer Templo. Amén.”

PERASHÁ KI TIZÁ

LA UNIÓN DEL CEREBRO CON EL CUERPO


En esta Parashá encontramos varias preguntas que requieren una respuesta especial. ¿Cómo es posible que Am Israel, después de la entrega de la Torá, cuando escuchó a Dios, y viera Su providencia divina, a pesar de eso, fue a adorar al becerro de oro?
Está escrito que Moshé le pidió a Dios, verlo. Dios le respondió que podría ver su espalda. Explica la Guemará que lo que quiso mostrarle fue el nudo de la parte de atrás del tefilín. ¿Acaso Dios tiene cabeza para colocarse los tefilín? ¿Qué fue exactamente lo que le mostró Dios a Moshé? ¿Qué quiso Moshé ver de Dios?
Después del pecado cometido con el becerro de oro, Dios le dijo a Moshé: Este es un pueblo con cerviz dura, terco. ¿Qué quiso decirle Dios a Moshé con: un pueblo de cerviz dura?
Para poder responder a todas estas preguntas, necesitaremos profundizar un poco en lo que dice la Torá, para así llegar a la respuesta.
El pensamiento del hombre se divide en tres partes: sabiduría, entendimiento y conocimientos. ¿Qué es sabiduría? Sabiduría es cuando a una persona se le ocurre una idea y lo podemos ver por ejemplo, en un pintor que quiere pintar un paisaje. Después, esa idea pasa al entendimiento, es decir planifica qué colores necesita, qué lienzo va a utilizar, cuántos pinceles, etc. Al desarrollo de la sabiduría, se le conoce como el entendimiento. Y al final vienen los conocimientos, es decir, la puesta en práctica de todo lo pensado.
En términos cabalísticos a la sabiduría se la conoce como el padre, al entendimiento como la madre y a los conocimientos como el hijo. Es decir, la sabiduría es como el padre porque aporta la semilla en la que viene concentrada toda la información genética del niño. El entendimiento es como la madre porque desarrolla toda esa información, la va clasificando según sus funciones, y va formando el corazón, el cerebro, las manos, los pies del niño. A consecuencia del aporte de ambos, viene la puesta en práctica de los conocimientos, que sería como el bebé.
En nuestra Parashá viene explicada esta cadena, cuando Dios le entregó a Betzalel sabiduría, entendimiento y conocimiento para la construcción del santuario. (Shemot 31:3:4). De estos versículos se entiende que Dios le proveyó de pensamientos, de las ideas, para empezar la construcción del santuario. Pero se entiende que eran muchas ideas, haciendo alusión a los detalles de cada parte de la estructura, lo que viene a ser el uso del entendimiento. Posteriormente le proveyó de conocimientos, cuando se emprendió la construcción como tal.
Hay quienes poseen sabiduría, entendimiento pero no tienen la capacidad de aplicar sus conocimientos. Otro ejemplo: un niño no tiene conocimiento ( ), es decir entiende muchas cosas mas no sabe como ejecutarlas. Por ejemplo un bebe de 10 mees de nacido, entiende que le conviene caminar en vez de gatear, pero no está en capacidad de llevar a cabo lo que su entendimiento le dice. Un niño entiende que se tiene que vestir, pero cuando se tiene que poner sus zapatos se confunde, no sabe cuál es el zapato izquierdo y cuál es el derecho, o no sabe abotonarse la camisa correctamente.
Por otro, lado vemos que la mujer tiene la capacidad del entendimiento más desarrollada (Tratado ) que el hombre, pero en la puesta en práctica de los conocimientos no es tan ágil, es decir, que desarrolla muy bien las cosas pero a la hora de llevarlas a cabo se traba. Por ejemplo, una mujer que va de compras, se para frente a una vitrina, se empieza a imaginar cómo a ella le quedaría ese vestido, cómo se vería, qué dirán de ella, y al final lo compra. Pero cuando llega el día de ponérselo, lo siente un poco diferente, y dice: En la vitrina se veía un poco más bonito. Vemos cómo la mujer desarrolla muy bien todos sus pensamientos, pero a la hora de la verdad se traban en llevarlo a la práctica.
Los hombres también tienen ese problema, ya que saben que la Torá es verdad, que Dios es verdad. Lo corroboramos con nuestros ojos, escuchamos clases de Torá diariamente, con nuestra boca pedimos a Dios, pero con todo eso, al momento de hacer una mitzvá o dejar de hacer una trasgresión, los conocimientos de nuestro cerebro no nos ayudan a cumplir nuestra Torá.
Los rabinos explican este fenómeno con un ejemplo de la vida diaria. Una persona que recibe un golpe muy fuerte en la nuca puede quedar como un vegetal, es decir puede ver, oír, escuchar, incluso hasta puede hablar, pero sus manos no se moverán, ni tampoco sus pies, porque del cerebro salen sustancias que transitan por la columna vertebral, las cuales transmiten información a los diferentes miembros del cuerpo. Por eso, un golpe en la nuca, puede causar que el cerebro siga funcionando, pensando, reaccionando a los estímulos externos, pero jamás podrá transmitírselos al resto de los miembros del cuerpo.
A nivel espiritual ocurre lo mismo, el Yetzer Hará se “sienta” en la nuca de la persona y desconecta el cuerpo del cerebro, el pensamiento de la acción, y como consecuencia de esto, existe el fenómeno que, entendemos las cosas, pero no las hacemos.
Otro ejemplo lo vemos en una persona que va conduciendo su carro a altas velocidades, sabe que si se le pincha un caucho puede ocurrirle un accidente gravísimo, pero con todo y eso continua conduciendo muy rápido. Esta persona tiene sabiduría, entendimiento, pero le faltan los conocimientos para ponerlos en practica, y hacer lo que su sabiduría y entendimiento le dicen.
Así nos ocurre a diario, con las cosas que sabemos que son verdad y estamos seguros de ellas, las llevamos a cabo. Nosotros sabemos que Dios es verdad, que su Torá también lo es, creemos que existe el mundo venidero, pero el Yetzer Hará nos hacer dejar esa información en la cabeza y no la pasamos al cuerpo, ya que él nos cierra el paso entre los conocimientos y las acciones. Nos desequilibra la armonía que debería de existir entre lo que pensamos y lo que hacemos.
El árbol del que comieron Adam y Havá se le llamaba el árbol de los conocimientos, debido a que les faltaban conocimientos, comieron de él. Ellos sabían que Dios les había prohibido comer de ese árbol, pero como no tenían los conocimientos, las herramientas para transmitir sus pensamientos a las acciones, cayeron en la tentación y comieron de ese árbol.
El Faraón era otra persona que tenia falta de conocimientos de cómo equilibrar sus pensamientos con sus acciones. Por un lado sabia que Dios existía al ver tantos milagros hechos por Moshé y Aharon, escuchaba los shiurim de ellos, aceptó su mal comportamiento. Pero no le fue suficiente, ya que continuó con sus malas acciones. La palabra Faraón en hebreo se dice: Parhó y si lo leyéramos en hebreo, de atrás para adelante, leeríamos Oref, que significa nuca. El faraón efectivamente tenia obstruida la nuca, el Yetzer Hará estaba “sentado” sobre ella. Es decir no le permitía que sus acciones fueran coordinadas con sus pensamientos.
Es por eso que la cabeza de Esav está enterrada junto a los patriarcas y las matriarcas en Hebrón. La cabeza de Esav estaba llena de conocimientos de Torá que estudió con su padre Itzjak, pero desafortunadamente sus acciones no eran ejemplares, y por eso su cuerpo fue enterrado separado de su cabeza.
En la Amidá, rezo que se dice diariamente, le pedimos a Dios que nos conceda sabiduría, entendimiento y conocimientos. La bendición que se dice en este mismo párrafo es Bendito tú Dios… Que das el conocimiento. El hincapié que se hace en todo este pedido es en el conocimiento, más que en la sabiduría y el entendimiento. Porque sin conocimiento de cómo llevar todos nuestros pensamientos a la práctica, no habría dibujos pintados por nosotros, etc.
Así respondemos todas nuestras preguntas. Los integrantes Am Israel supieron la verdad, escucharon a Dios con sus oídos, vieron con sus ojos, dijeron con su boca: haremos y estudiaremos. Todo eso lo tenían en sus mentes, pero el Yetzer Hará se sentó sobre sus nucas y los convirtió en personas testarudas, duras de cerviz, y cerró el paso de información hacia el cuerpo.
Por eso Moshé le pidió a Dios, verlo. Quería ver cómo llegar a él, venciendo al Yetzer Hará. Dios le mostró el nudo del tefilín de la cabeza, que encaja perfectamente en el lugar donde se sienta el Yetzer Hará para obstruir el paso, así impedir que se pueda construir un nuevo puente que una el cuerpo con el cerebro, para que transite por él toda la información y se establezca en nuestro cuerpo. La forma del nudo es como la letra hebrea “Dalet”, cuyo valor numérico es cuatro. La inicial de la palabra Daat, que significa conocimiento, es la “Dalet”, y cuatro son los caminos que utilizó Moshé para llegar a su cabeza, los ojos, los oídos, el cerebro y la boca.
Resumiendo, nuestros sabios nos explican que la función del Yetzer Hará es interrumpir el paso de información entre el cerebro y el cuerpo, y la función del hombre es unirlos de nuevo.
Cuando estuvimos en el monte de Sinai dijimos: Haremos y estudiaremos, lo que significa que primero hay que hacer y después escuchar o estudiar.
Esto lo vemos reflejado en un hombre que tenía una casa muy bonita. Una vez, este hombre tenia que viajar por seis meses, llamó a su esclavo y le dijo: Todos los días limpia el polvo de la casa, riega las plantas, acomoda el césped, paga las cuentas de luz, agua, gas y teléfono, pero como su sirviente no era muy entendido, además se lo escribió en un papel y le dijo que lo leyera todos los días apenas se levantara.
Al transcurrir los seis meses volvió el amo a su casa y vio que estaba todo hecho un desastre, sucio, las flores marchitadas, etc. Llamó al sirviente, le gritó y le dijo: Te ordené leer todos los días tus obligaciones. El esclavo le respondió: Yo leí todos los días la nota que usted me dejó. El amo se enfureció más y le dijo: La nota era para que hicieras lo que ella te dice y no para que solamente la leyeras.
“Nosotros debemos de vencer al Yetzer Hará, coordinando nuestros pensamientos con nuestras acciones, para que así estemos completos, con sabiduría, entendimiento y conocimientos. Amén.”

Perashá Tetzavé

"ORDEN EN NUESTRAS VIDAS"



¿Quién dijo que Dios creó el mundo? ¿Por qué la idea de que el mundo fue creado a raíz de una explosión (Big Bang) no es correcta? ¿Tal vez el abuelo de nuestro abuelo fue un orangután?
Una de las respuestas más sencillas a estas preguntas y que prueba el origen divino de toda la Creación, es el orden que hay en ella. De una explosión no se puede esperar más que cosas volando o cosas que se destruyen, pero jamás podemos esperar un orden tan perfecto como el que existe en todo el mundo. Tal y como un objeto atestigua que un artesano lo hizo, así el mundo atestigua que Dios lo creó. Tanta perfección en los diferentes sistemas existentes atestigua que hubo alguien que los programó y los ordenó. Así como una orquesta funciona y ninguno de sus músicos desafina, gracias a un maestro que los guía, el mundo funciona coordinadamente, sin desafinar, gracias a Dios.
Por ejemplo, vemos que hay un orden en el mundo, al ver la distancia existente entre la Tierra y el Sol. Si estuviéramos un poco más cerca del Sol, nos hubiéramos calcinado y si estuviéramos un poco más alejados del Sol, nos hubiéramos congelado. La fuerza de la gravedad está perfectamente establecida. Si fuera menor, todos flotaríamos y si fuera mayor, no nos podríamos mover. La cantidad de oxigeno en el ambiente está perfectamente medida. Si fuera menor nos ahogaríamos y si fuera mayor no podríamos respirar bien.
También encontramos el orden en los seres vivos. Si analizamos el grosor de la cáscara del huevo, si ésta fuera más gruesa, el polluelo no pudiese salir a la luz y si fuera más delgada, se rompería antes de su nacimiento. Otro ejemplo del orden existente lo encontramos en la relación de los animales depredadores y depredados. El puma puede correr a 80 Km. por hora, pero por un tiempo maximo de 5 minutos y después diminuye a 55 Km. por hora. Sin embargo, el venado corre a 65 Km. por hora y mantiene durante 15 minutos esa velocidad. Gracias a sus ventajas y desventajas respectivas, es que hay un equilibrio en la existencia de ambas especies. Y así, sucesivamente, ocurre con todas las demás especies que hay en nuestra naturaleza.
Además, lo vemos en nuestro propio cuerpo en el que, tenemos un sistema de alerta cuyo origen es el sistema nervioso. El cerebro es una carne grasosa que piensa y programa la vida. Los ojos son dos cámaras que nos permiten ver lo que ocurre externamente. Los dientes mismos están agrupados y cada uno de ellos tiene una función diferente. Y así con todos los demás miembros del cuerpo, que juntos forman esta gran máquina, llamada hombre.
El orden atestigua que hay alguien que lo ordenó, y no que se ordenó tan perfectamente por accidente.
Igual que encontramos un orden tan perfecto externamente, tenemos que llegar a conseguir en nuestras vidas, ese equilibrio que tanto necesitamos, pues así llegaremos a ser dueños de nuestro destino. Tal y como lo dijo el rey Salomón: “Hay tiempo para todo en la vida, lo único es saber cuando es el tiempo de cada cosa”.
Tiempo de llorar, en Tishá Beav. Tiempo de reír, en Purim. Tiempo de consolar, a los enlutados. Tiempo de bailar, al novio y a la novia en su boda. Tiempo de callar, en la sinagoga. Tiempo de hablar, fuera de la sinagoga. Tiempo de amar, a todo Am Israel. Tiempo de odiar, a sus enemigos. Tiempo de guerra, contra el Yetzer Hará. Tiempo de paz, con el Yetzer Hatob.
Pero cuando mezclamos los momentos, nos alegramos en Tishá Beav en vez de llorar, comemos en una boda en vez de bailar y alegrar a los novios, hablamos en los rezos en vez de rezar. Como se dice: Si a la sinagoga vienes a hablar, a dónde irás a rezar. Amar a los enemigos, en vez de odiarlos. Hablar mal de un judío en vez de quererlo. Hacerle la guerra al Yetzer Hatob, en vez de hacérsela al Yetzer Hará. Así, jamás seremos dueños de nuestras vidas, seremos como un barco a la deriva.
En nuestra Parashá viene la orden que dio Dios a Moshé de realizar el pectoral del Cohén Gadol, que estaba compuesto de piedras preciosas, en las que venia tallado el nombre de cada tribu y de los patriarcas. Cuando Am Israel tenía una pregunta, recurría al Cohen Gadol y esté respondía a través del pectoral. Cada letra se iba alumbrando por orden de Dios, y así se iba formando la respuesta deseada. Este sistema se utilizaba en vez de la profecía.
Por ejemplo, si preguntaban si hacer la guerra o no, entonces en el pectoral se alumbraba la letra Nun y Jaf, que ordenadas en hebreo significa Ken, o sea “Sí”. Si preguntaban: ¿por dónde atacar? Se les alumbraba en el pectoral las letras Mem, Dalet, Mem Sofit, Hei, Resh y Vav, que ordenadas en hebreo significa Mehadarom, o sea por el sur.
Por eso se les llamo Urim Betumim, Urim viene de la palabra Or, que significa luz. Betumim viene de la palabra Tamim, que significa perfecto. Es decir, el Cohén Gadol tenía que ordenar las letras de una forma perfecta, correcta. Vemos que el Cohén tenía que rezar a Dios porque las letras se alumbraran y porque supiera arreglarlas perfectamente.
En el Tanaj se cuenta la historia de Janá (madre del profeta Samuel), quien vivió en la época previa a la construcción del primer Templo en el año . En Shiló estaba ubicado el Templo provisional y el Cohen Gadol de esa época era Eli. Una vez vio rezar a Janá con mucha concentración para que Dios le mandara hijos. Eli Hacohen preguntó a su pectoral: ¿Qué es lo que le debo decir a esta mujer? Se le encendieron las letras Shin, Hei, Jaf y Resh. Inmediatamente pensó que estaba escrito en hebreo Shikorá, o sea borracha. Y le preguntó a Janá que por qué bebía tanto vino. Janá le respondió que no había ordenado bien las letras, porque ahí estaba escrito en hebreo Kesherá, o sea mujer buena. Entonces Eli HaCohen se concentró en su pectoral y le dijo que ese mismo año sería premiada con un hijo. Ella le preguntó, de dónde lo sabía, y le dijo que la palabra en hebreo Kesherá puede ser leída KeSará, o sea como Sará Imenu. Que no tenía hijos, y los ángeles le anunciaron un año antes que tendría un hijo. Y así fue, al año, Janá tuvo a Samuel, el profeta.
Aprendemos de esto que lo primero que debemos hacer es conseguir la luz, lo bueno, las cualidades adecuadas. Después debemos de saber ordenarlas en el lugar correcto, en el tiempo y la forma perfecta.
Hay personas con muy buenas cualidades, pero no saben ordenar su vida. Hay que despertarse a rezar en las mañanas, dedicar un tiempo para estudiar, después para ir a trabajar, comer, ir a rezar Minjá, de nuevo estudiar y después rezar Arvit, cenar con la familia y compartir con ella, y, por último, un tiempo para dormir. Lo que hay es que saber establecerse un horario de vida y no improvisar, ya que lo improvisado demuestra falta de control en nuestras vidas. Sin embargo, si programamos nuestra vida, veremos un gran orden en general.
Por eso nos dice Maimónides que debemos dividir nuestro día en tres partes. Un tercio para trabajar, otro tercio para estudiar y el último tercio para dormir y comer. En los momentos de estudio hay que subdividir ese tiempo, en tres partes. Torá, Talmud y Halajá ( ).
¿Por qué Maimónides no nos aconsejó, estudiar cuando queramos, comer cuando tengamos hambre y dormir cuando estemos cansados? Porque si fuera así, estaríamos desorganizados. Si comemos a deshoras nos causaría enfermedades y obesidad,
así ocurriría que desorganizaríamos nuestra vida si hiciéramos todo a deshora.
Por eso aquel que se fija estudiar, una o dos horas al día, es mejor que aquel que se fija estudiar tres horas sin seriedad. Porque el que dice que estudiará cuando le sobre tiempo, al final no estudiará nada. Por eso es la importancia de estudiar Torá seriamente con permanencia, para así triunfar.
“Que sea la voluntad de Dios que nos ayude a organizar nuestra vida, y que sepamos cuándo y cuánto tiempo dedicarle al trabajo, y cuándo y cuánto al estudio de la Torá, para que así sepamos que somos dueños de nuestra vida, con orden, tal y como sabemos que lo hay en el mundo.”

Perashá Mishpatím

"DIOS NOS QUIERE"


Una de las preguntas que todo el mundo se hace es: ¿Si Dios nos quiere tanto, por qué nos agobia con tantas mitzvot? Según la lógica, cuando una persona quiere a otra debe facilitarle las cosas, dejándole hacer y comer lo que quiera, ir donde quiera, a la hora que quiera y cuando quiera. ¿Por qué Dios nos prohibió tantas cosas?
Nuestra parashá, fue dicha en la entrega de la Torá, cuando aceptamos el yugo de Dios y dijimos: haremos y escucharemos. Vemos así que el mismo día en que aceptamos a Dios, recibimos más de 80 mitzvot. ¿Por que es esto así?
Estas preguntas son consecuencia de un error que tenemos en nuestro pensamiento. La vida de un príncipe nadie dijo que es fácil. Debe estar vestido elegantemente todo el día con los zapatos brillantes y bien peinado. Tiene que estudiar todo el día. Cuando sale de un maestro particular, en seguida viene el otro. Debe comer con los mejores modales. Pero nadie se queja por ser príncipe, ya que entendemos que su posición le obliga a cuidar cierta postura y a tener una conducta adecuada a su rango.
Así somos nosotros en Am Israel, “Judíos, hijos de reyes” y al igual que un príncipe debe vestirse adecuadamente, así nosotros debemos vestirnos con recato. Si el príncipe estudia, nosotros debemos estudiar y rezar. Igual que los príncipes comen comidas especiales, nosotros debemos comer comida Kasher, y costosa como la de ellos.
Si analizamos esto, veremos que mientras más niveles subamos, son los requisitos mayores. Por ejemplo, lo vemos en la semana, específicamente, los lunes y jueves cuando suben tres personas a la Torá, en Rosh Jodesh y en Jol Hamoed de Pascua suben cuatro a la Torá, en Yom Tov suben cinco personas, en Yom Kipur suben seis y en Shabat (que es más importante que Yom Kipur) suben siete personas a la Torá. A que a medida que la santidad del día va aumentando, así la cantidad de personas que suben a la Torá va aumentando.
Esto también lo vemos reflejado en el sitio donde radica la persona. Si está en la tierra de Israel, sus obligaciones son mayores porque debe cumplir también con las mitzvot que dependen de la santidad de la tierra, pero en la diáspora no, porque no hay tanta santidad.
También dentro de la santidad de Israel, está la santidad especial que tenía Jerusalem, donde ciertos sacrificios podían ser comidos en ella, pero fuera de ésta, se consideraba como una trasgresión. E incluso dentro de Jerusalem, si llegamos a donde el Templo se encontraba, ese era el lugar más santo y puro en la Tierra y sus restricciones son mayores, ya que no todos tenían acceso a él.
Entonces sí entendemos, a nivel de materia, que a medida que su santidad va en aumento, mayores son las restricciones que lo rodean. Así también ocurre con la persona, que a medida que su santidad va en aumento, sus restricciones se van multiplicando. Por ejemplo, un gentil solo esta obligado a cumplir siete preceptos, un extranjero que residía entre los judíos tenía otras cuantas leyes más que cumplir, los esclavos otros pocos más. Los esclavos judíos debían cumplir más mitzvot aún, mientras que las mujeres estaban exentas de las mitzvot dependientes del tiempo. El hombre está obligado a muchas leyes más, los Levitas a unas cuantas más que el Israel, los Cohén más que los anteriores y, por último, el Cohen Gadol estaba obligado a cumplir casi todas las leyes de la Torá. Así vemos otra vez que a medida que la santidad de la persona aumenta, se le atribuyen mayores responsabilidades.
Tanto la santidad en el tiempo, como en el lugar, como en la persona, son las que determinarán las obligaciones de cada ser.
Por eso acostumbramos decir, después de la culminación de cualquier estudio de Torá: “Rabí Janania Ben Akashiá dijo: Quiso Dios dar mérito a Israel y por lo tanto les aumentó en Torá y Mitzvot”. Es decir, Dios quiso darnos el mérito, pulirnos y elevarnos en niveles de santidad y por ellos nos dio la Torá y las Mitzvot.
Los gentiles piensan que a medida que se permiten más cosas, se vive mejor. Por eso la Torá nos enseña que en la época del Tanaj había dos tipos de idolatría: La primera idolatría se llamaba Baal Peor, y consistía en hacer las necesidades encima de una estatua. (por eso su nombre es Baal Peor, porque “peor” imposible). La segunda idolatría era Markulis y consistía en lanzarle piedras a una estatua. ¿Acaso algún creyente le hace eso a su dios?
La respuesta es que ellos querían demostrar que todo está permitido, que en su religión no se prohíbe nada y que el dios de ellos no es exigente, hasta el punto de que las peores cosas se le podían hacer y no se enfurecía.
Pero Am Israel no piensa así, sino que por el contrario, de igual manera que para que un niño se comporte educadamente, requiere de la estricta supervisión de sus padres, desde la mañana hasta la noche, qué hace, qué dice, cómo come, etc., así también en Am Israel requerimos de la estricta disciplina de Dios para perfeccionarnos y así cumplir nuestro objetivo en la vida y no actuan como un niño mal educado que hace lo que quiere, cuando quiera y donde quiere, sin que nadie lo supervise y lo oriente.
Esta es la gran diferencia entre Israel y las demás naciones.
Por eso, cuando subimos a la Torá, bendecimos con alegría: Asher Bajar Banu Mikol Haamim Venatán Lanu Et Torató – Nos escogiste entre las naciones y nos diste tu Torá”, demostrando que estamos contentos con la Torá, con sus Mitzvot, porque entendemos que están para ayudarnos a elevarnos espiritualmente, a subir en santidad, a ser príncipes hijos de Dios.
“Que sea la voluntad de Dios que todo Am Israel entienda que Él nos quiere, como un padre que ama a su hijo, y que todos sus preceptos son para nuestro bien, y que los cumplamos con alegría. Amén.”

PERASHÁT BESHALÁJ

LA GRANDEZA DEL CÁNTICO

Este Shabat se conoce como Shabat Shirá (de la canción), ya que en esta Parashá se lee la canción que entonó Am Israel en el momento en que iba atravesando el mar Rojo. En todas las sinagogas del mundo se canta más y se está muy alegre en este Shabat.
Por eso pensé dedicar estas líneas para explicarles la grandeza que hay escondida en las canciones, que de seguro que cuando se las explique, nos pasaremos la vida cantando desde lo más profundo de nuestros corazones, especialmente en la mesa de Shabat.
Hay dos objetivos en la canción.
El primer objetivo es elevarse y llegar a conseguir un nivel alto de espiritualidad.
El segundo objetivo es que, una vez que nos encontremos en ese nivel de espiritualidad, cantemos y agradezcamos a Dios.
Todos los profetas se tuvieron que ayudar con instrumentos musicales para alegrase, elevarse y llegar a conectarse con Dios.
El mismo rey David se levantaba a media noche con la música que emitían sus campanitas al soplar el viento del norte en ellas. Se sentaba junto a su arpa y escribía los salmos, inspirado con la música y el cántico.
Si despertamos a nuestros niños con músicas sanas, veremos cómo se levantan con una luz en su cara, con alegría y entusiasmo para todo. Pero si los levantamos con gritos veremos que se levantan con una cara de Tishá BeAv (desganados).
La canción eleva el ánimo de la persona. Tal y como dice el autor del libro Tanya, el rezo se dice con la boca, la canción se dice con el corazón.
Entonces, hemos aprendido hasta ahora dos cosas, que la canción eleva a la persona y la ayuda a estar en constante conexión con Dios.
En Shabat todos nosotros recibimos un paquete de bendiciones, que está compuesto de varias cosas.
Es sabido que Dios cuando creó a los peces y a las aves, los bendijo. “Vayibarej Otam Elokim Lemor Pru Urbú Umeló Et Hamayim Bayamim Vehaof Yireb Baaretz – Los bendijo Dios para que llegaran a multiplicarse y a llenar los mares y las aves llenarán la tierra” (Bereshit 1:22).
Y así, cuando Dios creó al hombre y a su esposa, los bendijo. Lo mismo hizo con el Shabat “Vayibarej Elokim et Yom Hashebii – Y Dios bendijo al séptimo día” (Bereshit 2:3). Por eso nosotros, en la noche de Shabat, unimos todas estas bendiciones, comemos pescado y aves, se junta el hombre con su mujer, para así recibir en ese día todas las bendiciones juntas.
De igual manera que el profeta se eleva con canciones e instrumentos y recibe una mejor claridad en sus profecías, así también nosotros cuando cantamos en la mesa de Shabat recibimos una mayor cantidad y calidad de bendiciones en ese día.
Y no solamente eso, sino que todo esto es mucho más profundo.
Como es sabido, la Shirát Hayam (Canción del Mar), fue entonada primeramente por Moshé quien pertenecía a la tribu de Levy. Los levitas, en la época del Templo sagrado, estaban encargados de las canciones; ellos eran los que ponían la alegría en el Templo a través de sus instrumentos y sus canciones. El Zohar explica que, paralelamente a las actividades que se realizaban en el Bet Hamikdash en la tierra, se realizaban en el Bet Hamikdash de los cielos, las mismas actividades. Cuando los levitas entonaban sus cantos, entonces los ángeles también empezaban a entonar sus cantos y ambas voces cuando llegaban a los oídos de Dios. Le causaban mucho placer y satisfacción.
En nuestros tiempos no tenemos Bet Hamikdash, no tenemos a los Cohén que sirvan a Dios, ni a los levitas con sus cánticos, no tenemos sacrificios, ni el agua que se vertía en el altar, pero está escrito en el tratado del Talmud, que la casa de la persona es como un pequeño santuario, ya que su mesa es como el altar, los comensales son como los Cohén y los Levy, el vino del kidush es como el agua que se vertía en el altar, las velas de Shabat son como la Menorá, el pan es como el Lejem Hapanim, la comida es como los sacrificios que se ofrecían, y las palabras de Torá son como el arca sagrada. Pero ¿dónde están las canciones de los levitas, que se unían con las de los ángeles y alegraban tanto a Dios? Esas son las canciones que recitamos alrededor de la mesa de Shabat, y de ahí la importancia que ellas tienen.
Tienen la fuerza de elevarnos hasta Dios, recibir la luz del Shabat y todo el paquete de bendiciones.
También son las que completan el santuario privado, ya que permiten que los ángeles se unan a ellas.
Además tienen la de grandeza que podemos agradecer a Dios por ese mérito tan grande que nos ha dado de ser participes del gozo que nos otorga cada Shabat.
Por esto, cada judío debe esforzarse, en cantar por lo menos una canción en la mesa de Shabat, con toda su familia, lleno de alegría, para elevarse y recibir de Dios el paquete de sus bendiciones y completar su santuario.
“Que sea la voluntad de Dios que por el mérito de las canciones y la alegría del Shabat, nos devuelva el Templo Sagrado con su Cohén Hagadol y sus Levitas. Amén.”

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